Entrevista con Valeria Luiselli




Texto Steffi Fink


Encontrarnos en la solitud de nuestros pensamientos en medio de una pandemia global fue un reto del que todos fuimos parte, sin embargo, es el poder de la fuerza creativa lo que nos ha hecho a muchos salir adelante. Habitando el espacio de observadora para tratar de hacer sentido del caos de su propia experiencia, es lo que inició en Valeria Luiselli el camino a convertirse en una de las mejores escritoras mexicanas internacionales hoy en día, quien este año ganó el Premio Pivano y el Premio Rathbones Folio por su novela “Desierto Sonoro”. Luiselli siempre ha vivido con una curiosidad insaciable y una obsesión por tratar de entender lo que ocurre a su alrededor para poder habitar ese mismo espacio con la escritura. Su primera obra, “Papeles Falsos”, fue una exploración de la autora por insertarse en la ciudad que dejó cuando tenía 2 años. Su vida nómada formó su forma de ser y ver el mundo, y de sentirse cómoda con el papel de ser una observadora que traduce sus vivencias en llamadas de atención al lector sobre temas de suma importancia actual, donde sus dos últimos libros, en contraste con el primero, son una exposición sobre su trabajo como intérprete voluntaria y entrevistadora para niños migrantes en los tribunales de inmigración de Estados Unidos. Reimaginar el futuro puede parecer una tarea casi imposible, sin embargo, tras platicar con Valeria creo, al igual que ella, que esta acción puede llevarse a cabo bajo una estructuración de redes de solidaridad femenina.


Creciste en un contexto donde tu vida fuera de casa era en inglés, tanto social como educativa, sin embargo, tus raíces son de habla español. ¿Qué papel jugó esto en tu subconsciente a la hora de definir tu persona y encontrar tu motor creativo? y ¿cómo crees que esto aportó o influenció en la manera en la que observas el mundo hoy? 

Es interesante la pregunta, creo que el multilingüismo no necesariamente nos divide la

personalidad. Los idiomas no crean una fragmentación sino una integración compleja de cosas. Creo que más bien uno es siempre la misma persona y en distintos idiomas pero nos movemos siempre en un espacio un poco incierto, en el sentido de que tu identidad quizás es una amalgama de muchas cosas y además está fluctuando conforme pasa el tiempo. En términos de lenguaje no lo veo como una fragmentación si no como una suma compleja de partes. 

Justamente porque uno se mueve en un terreno incierto cuando vive en distintas áreas lingüísticas, distintos países, siempre todo parece un poco incierto y en fluctuación, mi escritura sucede desde un lugar de observación paciente, una observación constante de los otros y lo otro. Desde niña aprendí a colocarme en el espacio de observadora para tratar de hacer sentido del caos de mi experiencia y ese espacio de observación que habitaba tratando de entender qué estaba ocurriendo a mi alrededor, es el mismo espacio que habito cuando intento escribir. Siempre es un espacio que está lleno de inquietudes, miedos, dudas, pero también entusiasmo por entender, resolver, tratar de encontrar las palabras para describir lo que me parece indescriptible o lo que me da tristeza. El lenguaje ha sido siempre un terreno movedizo para mi, el esfuerzo siempre está en no escribir lo primero que se me venga a la cabeza si no buscar realmente las palabras que resuenan profundamente con lo que estoy tratando de explorar. 


Y por ejemplo, Milan Kundera dice en su obra “La Insoportable Levedad del Ser” que los personajes de su novela son sus propias posibilidades que no se realizaron. ¿Hay alguno de tus personajes en el que te veas proyectada de manera directa o indirecta?

No necesariamente, creo que todos mis personajes han sido personajes a través de los cuales he explorado preguntas que me hago y que efectivamente cobran una realidad, sobre todo cuando trabajas tanto tiempo en una novela acabas como viviendo con esas personas, pasas horas del día con esas personas. Mi hija incluso se burlaba de mí cuando era más pequeña y yo me subía a trabajar todas las noches después de leerle en la cama y alistarla para dormir, y me decía “You’re going with your little imaginary friends mama, right?”. 


¿Qué autores consideras que influyeron y formaron tu universo creativo y literario?

Demasiados. A lo largo del camino recuerdo leer a Judy Blume, una autora que no he vuelto a leer en muchos años pero que en aquel entonces conecté mucho con ella. Un poco más grande leí a Tolkien y me abrió un mundo fantasioso que definitivamente no es el tipo de literatura que escribo o leo hoy en día, pero que en ese momento fue fundamental darme cuenta de la manera en la que se podía viajar a través del tiempo y de la geografía a través de la lectura. Y ya más adulta, cuando estudié Filosofía en la UNAM, para mi fue primordial la filosofía como un entrenamiento como lectora y leía mucho a Hannah Arendt, María Zambrano, Simone Weil, Nietszche, Heidegger, quien nunca me gustó realmente. Fui también entusiasta de Wittgenstein y de sus investigaciones filosóficas. Más adelante me dediqué a leer poesía como Emily Dickinson, Sor Juana, T.S. Eliot y Ezra Pound, sin un programa muy claro de lectura simplemente navegando. También en esos años comencé a leer Ensayo, ávidamente a Joseph Brodsky, quien fue una influencia importantísima para mí, yo creo que nunca hubiera escrito mi primer libro sin haber leído a Brodsky. 


Y sobre esto que me platicas que te subías a escribir con “tus amigos imaginarios”, ¿cómo es tu proceso creativo a la hora de pensar en un nuevo proyecto?

Lento, tentativo, lleno de miedos y dudas. Leo mucho, escribo muchas notas durante mucho tiempo antes de sentarme en la computadora. Siempre al empezar un nuevo proyecto me pregunto “¿Cómo voy a hacer esto?” y parece imposible hacerlo, una montaña insufrible de subir. Y de pronto un día, años después, me preguntó más bien “¿Cómo hice esto? ¿Cómo lo logré?”. 


¿Existe alguna rama del arte a la que te inclines para hallar inspiración?

Durante mi proceso creativo voy mucho a exposiciones, al teatro, escucho música, soy muy

melómana pero soy bastante limitada en términos de lo que me gusta escuchar cuando escribo. Siempre me obsesiono con una o dos cosas en un proyecto y escucho eso on repeat. Cuando escribí “Desierto Sonoro” concretamente escuché Metamorphosis de Philip Glass hasta enloquecer a las personas que viven conmigo.

Además yo quería ser bailarina y es a través de la danza que resuelvo y entiendo muchas cosas de mi proceso creativo en la escritura. Hice danza contemporánea muchos años, lo sigo haciendo, y hay muchas relaciones entre habitar el espacio a través de la danza y construir el espacio de escritura. Me ayuda a conectar de otra manera con mi arte y mi creatividad. 


Siento que antes de la pandemia solía soñar con encontrar cualquier excusa para alejarme de la gente y encerrarme en mi mundo interno, encontrando en la lectura un escape para viajar a otras realidades de tranquilidad. Sin embargo hoy, me encuentro leyendo sobre relaciones humanas y anhelando el contacto físico y emocional que irónicamente tanto extraño, ¿qué es lo que has estado leyendo o haciendo para encontrar un escape o una forma de sanación emocional ante la situación actual del planeta?


Es mi lucha cotidiana, todos los días me tengo que despertar y recordarme que vale la pena seguir. Mis proyectos grandes se cayeron por ahora pues requerían de estar viajando. Estoy trabajando en un proyecto sonoro sobre violencia hacia el cuerpo femenino y la tierra en las zonas fronterizas de México-USA, hice un primer viaje con mis colaboradores en enero, el siguiente iba a ser en abril y se tuvo que cancelar. Para ese proyecto me sigo viendo semanalmente con mis colaboradores, platicamos, leemos, pensamos, pero está en un limbo, como muchas otras cosas en nuestras vidas ahora. Así que más bien he escrito un par de ensayos largos, pero no lo he resuelto del todo, es decir, yo necesito estar vinculada con un proyecto grande creativo para sentir que vale la pena despertarme y si no lo tengo siento que no tengo para donde ir.  Intento recordar día a día que tengo que ser paciente, pero como cuesta trabajo hacerlo a veces. Ver con entusiasmo hacia el futuro es difícil en este momento pero al mismo tiempo es nuestro deber, sobre todo si hay otras personas que dependen de ti como hijos o padres que estés ayudando y es cuando no nos podemos dar el lujo de no tener ganas. 

Creo que lo único que nos puede sacar de esta tristeza colectiva es la fuerza creativa, que en épocas como esta a lo largo de la historia, como la guerra, otros periodos de pandemia y periodos de violencia política, siempre ha sido una herramienta que da poder y fortaleza. Basta con voltear y ver la cantidad de obras y libros que fueron escritos bajo circunstancias muy adversas como esta que estamos viviendo y entender que así es la historia de la humanidad y uno tiene que seguir.


¿Crees que un escritor debe documentar y reflejar a través de sus historias los tiempos que vivimos o retarlos y darles forma para distraer a la gente?

Creo que no hay prescripción posible. Hay quienes son muy buenos observando y documentando el caos del presente, dándole forma y sentido, teniendo una capacidad maravillosa de extraerse por completo de las crisis y crear mundos imaginarios completamente fantásticos. Hay tantos tipos de escritores como los hay seres humanos, entonces no podemos ser prescriptivos sobre cuál es nuestro deber ahora. 


¿Cómo marcó tu vida como mujer crecer con una mamá y una abuela tan libres, fuertes y decididas a luchar sobre sus ideales y profesión?

Me marcó y me sigue marcando profundamente sentir que pertenezco a un clan de mujeres tan fuertes, tanto en mi familia como en mi familia extendida. Vivo en una casa con mujeres y vienen muchas amigas, es un lugar donde circulan muchas presencias femeninas muy fuertes. Siento una enorme gratitud de ver como mi hija está creciendo rodeada de mujeres así, viendo en ellas ejemplos de fortaleza, generosidad, respeto y libertad. Mi hija me tiene a mi pero también tiene muchas madrinas, además de una abuela muy fuerte, quien justo estaba con nosotras hasta que empezó la Pandemia. 


Hay un ensayo hermoso de la escritora Ursula K. Le Guin en donde habla de la solidaridad masculina y como esta tiene una forma muy vertical de ejercicios de poder piramidales, y como este tipo de solidaridad ha generado básicamente todas las instituciones desde la universidad hasta el sistema de gobierno, militar, congreso, empresas, etc. Y justo habla sobre como la solidaridad femenina es mucho más horizontal, compleja, fluida, móvil. Las mujeres tejemos estas redes de solidaridad. Por supuesto que muchas mujeres también habitan esas estructuras verticales patriarcales, y las reproducen pero no necesariamente. Considero esto fundamental si vamos a poder reimaginar el futuro y una organización para el mundo después de esta crisis y durante, es pensando en redes de solidaridad femenina. 


Haber leído tus dos últimos libros, “Desierto Sonoro” y “Tell Me How it Ends”, fue

muy fuerte para mi, me abrió los ojos y el panorama a algo que sabía, pero en lo que

quizás nunca quise indagar. ¿Cómo lograr procesar y asimilar todo lo que has visto,

oído y vivido ayudando a esos niños sin descuidar tu salud mental? 

Creo que como muchas veces en mi vida, me aviento un clavado a la parte profunda de la alberca sin saber si voy a salir, llegando a ser un poco irresponsable conmigo misma. Y creo que muchas mujeres cometemos el mismo error, en el sentido de que sentimos que nos cuesta decir que no y decimos siempre que sí, tomando más responsabilidad de la que podemos manejar. Creo que cuando me metí a esto, no fui responsable conmigo misma en ese sentido, sin duda escribir estos dos libros fue una manera para mi de procesar y sanar muchas cosas, sin embargo no es la única, escribir no basta. Ha sido un trabajo de años, voy a terapia psicológica y energética, me gusta mucho la terapia craneo sacral.


*Esta entrevista fue originalmente publicada en la edición digital de DNA Magazine FW20*