La soledad permanente de nuestra existencia y mi obsesión por Ottessa Moshfegh



Por Steffi Fink



Creo que soy adicta al aislamiento y conforme veo que poco a poco comenzamos a romper la barrera de estar encerrados en casa, la ansiedad que durante un año había dejado mi cuerpo, comienza lentamente a tomar posesión de mi mente y cuerpo nuevamente. Fue justo hace un año que en mí afán por distraer la mente pedí cuantos libros pude pensar en Amazon, entre ellos, My Year of Rest and Relaxation de Ottessa Moshfegh. Lo que me atrajo, como casi todos los libros que me gustan, fue la portada, y jamás imagine que su contenido llegaría hasta las capas más profundas de mi ser.

Hoy, que me encuentro en un lugar totalmente diferente al que me encontraba hace un año me pregunto: ¿qué tan hastiada, deprimida, antisocial, irreverente y enojada debe uno de estar para quedar esconderse de la vida hasta tal punto como lo hace la protagonista de esta historia? Como lo fantaseaba yo. Claro que a diferencia de la protagonista, yo no estaba en duelo por la muerte de nadie, ni odiaba mi carrera, ni odiaba mi vida, simplemente fantaseaba con perderme en una isla desierta y no tener que tener contacto social con nadie - normal -, o dormir por días y días hasta poder despertar “de mejor humor”. Pues estar dormido es retirarse a un espacio sagrado donde conectas con tu interior, permitiendo que el cuerpo y la mente descanses y se recuperen, mientras permites que tu subconsciente resuelva con sueños las torceduras de la vida vivida en el exterior.


Y es que los sueños que parecen más poemas que cuentos cortos, tienen una cualidad fabulosa y parabólica que los hace sentir como una especie de alegoría aunque todo el contenido dentro de ellos pueda parecer aleatorio para cualquier que no sea el soñador. Sin embargo, cada uno de nosotros soñamos en un idioma peculiar a nuestras propias vidas, donde igualmente, el sueño es un microuniverso del yo.

No obstante, My Year of Rest and Relaxation me dio el antídoto perfecto para descartar esta idea mía de querer desaparecer, aunado al año que llevo encerrada donde he tenido tiempo de sanar y restablecerme.

He continuado leyendo todos los libros de Ottessa pues encontré en sus palabras una especie de traducción de mi propia mente. Curioso que utilice esta frase para describirla pues si has leído algo de ella sabes que sus personajes son marginados de la sociedad, son asesinos, drogadictos, vagabundos, pervertidos, pero sobre todo, solitarios. Tiene una manera muy peculiar de revelar su forma de ser menos refinada y grotesca: personajes que fantasean con ser violadas o violentadas; vomitan, defecan, consumen alcohol hasta el olvido y describen abiertamente la manera en que funciona su tracto digestivo. Sin embargo para mí es fácilmente la escritora estadounidense contemporánea más interesante sobre el tema de estar vivo cuando estar vivo se siente tan terrible en estos momentos.


McGlue es un marinero borracho que es encarcelado por matar a su mejor amigo. Eileen es una empleada de una prisión, adicta a los laxantes que se convierte en cómplice de un asesinato y que se queja del alcoholismo de su padre tanto como ella lo sufre. Y mientras que My Year of Rest and Relaxation es un escape hacia el olvido, Death in her Hands es un escape hacia la locura, la pérdida de la cordura y la mente racional de una mujer tras encontrar una nota de un “asesinato”; mientras que Homesick for Another World es una compilación de breves historias cuyo común de nominador es la completa solitud y desesperación que enfrentan cada uno de sus personajes.

Tan poco fiables como son los protagonistas de Moshfegh, tan inestables, inseguros y llenos de odio, también están empeñados en salir de su miseria, de salvarse. Lo que hace que sus personajes sean tan humanos no es como describe cuando van al baño, o se masturban, o tienen pensamientos de odio, si no que ninguno se rinde. Su escritura es vulnerable, y no en el modo actual devaluado del ensayo personal, es más como una especie de admitir cuán trivial, incómoda, avergonzada y claramente real somos cada uno de nosotros, residiendo como lo hacemos en la soledad permanentemente de nosotros mismos.